.“No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.”
S.Juan 14:1-3

Estar en una nueva casa ha sido una nueva experiencia para mí. Vivir como un nuevo integrante, tener una familia nueva, una pieza nueva, una cama nueva, y como soy el nuevo de la casa, hay cosas que debo aprender  para saber como desenvolverme. Necesito aprender los itineriarios, a qué hora debo tomar desayuno, ir a trabajar, incluso cuándo ocupar el baño y cuándo son los tiempos de acostarse a dormir.

La Biblia dice que Jesús fue a preparar una nueva morada para nosotros, los creyentes (Juan 14:2)  ¡Que hermosa casa debe ser! Una parte de mi anhela estar ahora ya viviendo en esa morada. Pero no puedo entrar a esa nueva casa así como estoy, hay una meta a la que debemos llegar…  ser conformados a la imagen de Jesús (filipenses 3:13-14). Como dice el apóstol Pedro: “…para esto fuimos llamados” (1 Pedro 2:21). Mientras estemos vivos debemos correr a esa meta, pero para eso debemos aprender a correr. Corremos hacia  la meta que es Cristo y después de la meta está nuestra nueva casa. Así como el atleta se prepara físicamente para la carrera  de resistencia y lucha para terminarla, nosotros debemos prepararnos espiritualmente para la vida cristiana. (2 Timoteo 2:5 ).  Para correr como un atleta hacia nuestra nueva casa debemos entrenar mucho. Hay una buena rutina de ejercicios y alimentación qué hacer:

a)El ejercitar y alimentarnos con la lectura de la biblia a diario(podemos comenzar con un versículo diario, luego dos y más), esto es de lo más importante, aquí hacemos dos cosas, nos alimentamos y ejercitamos nuestro hábito con la palabra!.

b)El pasar tiempo a solas con Dios (orar o conversar con nuestro Padre)  Dentro de esta conversación hablamos de muchas cosas como de nuestros hermanos (el interceder por los santos o rogar por nuestros hermanos), de los que aún no conocen a nuestro Padre (el rogar a Dios por las almas perdidas).

c) El amar lo que Dios ama y odiar lo que Dios odia, por eso es importante los dos primeros ejercicios. Estamos conectados con nuestro Padre y sentimos lo mismo que él.

d) El ser agradecido cada día, (1 Tesalonicenses 5:18). Es muy lindo poder agradecer a Dios en todo , sea agradable o desagradable.

Correr la carrera con este entrenamiento nos permitirá llegar preparados a nuestra nueva casa. ¡Qué hermosa casa! Es hermosa e inmensamente preciosa porque ahí se encuentra nuestro Precioso Dios !

Un abrazo atlético.


Agregar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *